"Era obvio que ellos nunca se habían gustado.
Ella sabía en el fondo que estaban juntos por estar.
Y él también lo sabía.
El problema era cuando se daban besos, los besos todo lo cambiaban y dejaba de existir la lógica, los demás, el mundo.
Por eso mismo se odiaban, porque no podían vivir separados.
Ella creaba universos paralelos cuando jugaban a quererse, mientras él inventaba alguna excusa para nunca abrirse, nunca decir lo que sentía.
Creyendo en lo eterno, jugaban al día a día.
Y todo les resultaba como pensaban que debía ser.
Pero al final ambos sabían que era mentira,
Que se agarraban de sueños ajenos para nunca mirarse a los ojos, no asumirse imperfectos y quebrados, no tener que decirse te quiero.
Dormían en lados distintos de la cama, y cuando llegaba la mañana se tomaban el café muy cargado, para sacudirse de los abrazos involuntarios.
Creían en un futuro separados, creían en el trabajo, en el pan con mantequilla, en las canciones cursis.Se inventaron un mundo aparte para no sufrir afuera.
Enfriaron todo afecto, solo se odiaban a sí mismos. Ellos pararon el tiempo, ellos pararon todo.
Nadie les dijo que iba a doler igual, nadie les dio la cura para la locura, nadie les dijo, que al final, en el fondo, sin que ellos mismos lo supieran…siempre se habían amado…"
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